Lo cierto es que nuestros astutos líderes viven en otro lugar que no es Puerto Rico. ¿Hasta cuando este manojo de politiqueros va a seguir malgastando los pocos recursos económicos que tiene nuestra Isla? La cosa está tan mala y tan mala, que le dan ganas a uno a meterse en la política, buscarse una plaza de senador, o mejor aún de asesor a uno o varios senadores, y recostarse a engordar. (A engordar, sí, porque yo no he visto a ninguno, o ninguna, ponerse flaco, o flaca, en la legislatura.) ¿Setenta y cinco millones de dólares para elegir un gobierno? Ese chorro de manganzones cuyo quehacer diario es un desprestigio para todos los puertorriqueños. Y esos setenta y cinco millones no incluyen imprevistos, ni gastos administrativos, ¡ni el costo de las primarias! Que son once millones adicionales, que se van a gastar para averiguar quien manda más en el partido. ¡Vergüenza debería darles! Retomemos la aritmética. 75 + 11 = 86. Divide 86 por los electores y sale a $86.00 por voto. O sea, ...