Desde los opositores que alegan que el hombre no puede deletrear su nombre, las uniones obreras que reclaman la inconstitucionalidad de lo que está haciendo, los empleados públicos qué exigen se les devuelva sus derechos y su retiro, los Moody’s y compañía que arguyen que los engañó cambiando los muñequitos después de veinte reuniones ¡todos tienen que comprender! ¡Es que él no se manda! Él le responde al último asesor con quién habló. Cuando el aeropuerto él le respondió a Moody’s, el amigo de los bonistas. Había que mantener nuestra reputación crediticia, dijo. Sólo seis meses después de anunciar que estaba “sacando el País de la pesadilla” se inventó una herramienta parlamentaria - posiblemente inconstitucional - para llevar al País a una bancarrota “legal”, pedacito por pedacito. Enojado, Moody’s nos echó todo a chatarra. Ahí quedó nuestra reputación crediticia...
Puerto Rico es una isla en algun lugar del mar caribe cuyos habitantes insisten es un país.