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A mi no me gusta hablar de nadie

No tengo la costumbre de hablar de nadie, en particular, ni nada así, pero para evitar la confusión de sobre quien voy a hablar, es alcalde de san Juan nada mas. Nadie más. Oye, ¡que hombre con más mala suerte! Todo lo que se inventa para el viejo san Juan tropieza con algún problema, todo el tiempo. Nada le sale fácil.

Aparte de aumentarse el sueldo que se aprobó él mismo, lo demás ha sido Caín. En alguna parte hay alguien que no le quiere bien. Fíjate para que veas. El plan de adoquinar san Juan. Tan pronto lo anunció se agotaron los adoquines propiedad de la capital, y subieron los precios de los adoquines importados a $5 dólares cada uno, sin instalar. Ahora no hay dinero para los adoquines. Lo mismo le pasó con cerrar las calles de la capital. Parece que entre los adoquines y el cierre de las calles había una relación semiótica y ninguno de las dos cosas se ha dado, a pesar del extraordinario esfuerzo de todo el mundo en san Juan de ofrecer el adoquín que usan para sostener la puerta de entrada mientras suben la compra; pero no hay un solo lugar con inmunidad legal para la entrega de adoquines robados.

Pero la suerte no le mejora. No terminan de asfaltar las calles, que no pueden adoquinar por falta de adoquines, que la compañía de gas marcó en tinta amarilla las líneas de gas soterradas que tienen que remover. Es una amenaza. ¿Por qué no excava la calle antes de adoquinarlas, o mejor dicho asfaltarlas? que no es lo mismo. Mala suerte, es lo que les digo, mala suerte.

Y como prueba contundente de la mala suerte, los trabajos que se empezaron por el ornato de san Juan, llevan un letrerito que explica a donde ha ido a parar el centavito del impuesto. ¿Y saben que? ¡Está escrito en inglés y nadie lo entiende! ¡Nadie se ha podido enterar en que se gasta el chavito que nos quitan en los colmados, y la farmacia, y por los periódicos, y el café! Pues lo dice en inglés claramente.

Se está gastando en las apariencias. ¡Por mi madre! Te lo digo, el hombre tiene mala suerte.

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