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¡Qué Embrollo!

En casa mi papá trabajaba y mi mamá administraba el dinerito de la casa. Ella, muy cautelosa llevaba las cuentas en una libreta y pagaba sus deudas en persona. A ella los cheques nunca la convencieron del todo. Aunque aceptó la transición a los tiempos modernos con su nueva cuenta de cheques, insistía en seguir haciendo sus pagos en persona. Quizás las visitas a los bancos, el agua, la luz y las tiendas eran parte de su esparcimiento. Ella me enseñó que si quieres seguir arropao no puedes estirar las piernas más allá de la sabana.

Este recuerdo despertó al leer en el periódico que el ‘gobierno’, el nuestro sí, debe 87.84 centavos de cada dólar que ingresamos. No es que gasta 87 centavos de cada dólar que ingresa, como hacía mi mamá que guardaba en el banco alguito siempre. No, es que ya se les debe ese dinero a los prestamistas. Es algo tan inusitado que perpleja. Así que voy con una explicación sencilla.

Tu mamá te da $5 para que vayas al cine y sales feliz a encontrarte con tus panas para ver la película del momento. Pero, cuando llegas a la esquina, el dueño del colmadito que te viene fiando durante la semana te detiene para cobrarte lo que le debes. Entre pitos y flautas le debes $4.40. De los $5 que te dio tú madre te quedan 60 centavos para gastar en el cine.

Pues tú y yo, nosotros todos, somos la mamá que a través de los impuestos, le damos a nuestros niños (el gobierno) para que haga las cosas que a todos nos hace falta que se hagan. Pero el niñito, a tus espaldas, le viene cogiéndole fia’o al bodeguero de la esquina. Lo que se traduce a que si el gobierno necesita gastar $1000 en un proyecto de vital importancia, realmente necesita recaudar $1870.00.

Lo que me lleva a pensar que si el gobierno piensa gastar 8 mil millones, más o menos, tiene que recaudar $14,200,000,000.00. Casi el doble.

Y esos miles de millones los pagamos tú y yo, pesito a pesito. ¡Ay bendito!

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