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Golpe de Estado


Hace poco más de un año, el dramaturgo Roberto Ramos Perea, durante un programa de análisis político dijo que las movidas de este gobierno están encaminadas hacia un golpe de estado. Claro está, no lo volvieron a invitar a ese programa de televisión. La creencia generalizada es que no puede haber un golpe de estado en una colonia como la nuestra. Pero sí se puede y lo explico ahora.

Tradicionalmente los golpes de estado se adscriben a los militares. Lo vimos en Chile, lo vimos en España, en Grecia, en Turquía varias veces y en muchos otros lugares del planeta. La gente sabe que el ejercito nuestro es de los Estados Unidos, no nuestro, y esos militares no van a atacar la Fortaleza para arrestar o ejecutar al gobernador de turno. Y en eso tienen la razón. Pero en muchos países se da la situación donde el mismo gobernante continuamente se reelige y se perpetúa como gobernante. Algo así como Rubén Berrios en el PIP, su presidente vitalicio.

Para lograr esto, el gobierno que está planificando perpetuarse en el poder tiene que hacer dos cosas fundamentales. Primero demostrar su poderío utilizando la policía, que podríamos describir como el único ejercito que tenemos como nuestro, para intimidar la población opositora con una represión agresiva y a la vez ir desacreditando las instituciones que fundamentan la democracia. Tal como la separación de poderes, los sistemas de justicia – leyes, cortes y fiscalías – y el de mayor fundamento: el sistema electoral.  En general, desarticular las estructuras sociales que proveen la paz, la justicia y el respeto al ciudadano.

Si revisamos las páginas de nuestra prensa, durante este cuatrienio, podemos ver como la policía se ha utilizado como herramienta de represión, maceteando a estudiantes y trabajadores que se oponen a la política pública del partido en el poder. Se ha inflado el número de jueces del Tribunal Supremo con el propósito de adjudicase una mayoría y con eso el control de la Rama Judicial. Se han colocado monigotes en las posiciones de mando del Departamento de Justica y la policía. La legislatura ha intervenido con todas las ramas de gobierno democrático, rebasando la separación de poderes con investigaciones fantasmas a la judicatura y al ejecutivo.  Y ahora, la pieza que les faltaba, y que hoy se está implementando, es poner en tela de juicio la validez del proceso electoral. Formula académica para robarse unas elecciones. Algo que la maquinita para contar los votos electrónicamente facilitaría.

Es simple. Digamos que se pierden las cajas con los votos – esto ya pasó cuando en 1980 se quemaron las papeletas por un fuego en la Urb. Valencia dónde estaban almacenadas – imposibilitando un recuento. Ninguna investigación que pudiera hacer la policía o el Departamento de Justicia va a tener credibilidad para el pueblo. Y cuando el partido opositor recurra a los tribunales buscando remedio, ya saben dónde va a parar el reclamo. A un Tribunal Supremo cargado de jueces político partidistas - algo que ya se ha evidenciado – cuya sentencia la podemos predecir.

Ahí es que el autócrata se declara ganador. El pueblo pierde la fe, el interés en los procesos democráticos y le dan la espalda al gobierno. Y en los siguientes comicios se repiten los resultados, una y otra vez.

Igualito que los hermanos Castro, pero, estos de aquí dicen que no son comunistas. ¿O lo serán?


Comments

Anonymous said…
En 1980 los maletines con las papeletas se entragaban en los cuarteles de la policia. Cosa que cambio en 1984.

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