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La Puerca de Juan Bobo

Llevo un rato viendo propiedades residenciales a la venta por un millón o más de dólares, apartamentos de cuatro habitaciones y la misma cantidad de estacionamientos. La primera reacción que me viene a la mente es: ¿cuántos millonarios hay en la Isla para pagar tanto apartamento de lujo? Claro, al ver que siguen vacios me doy cuenta que no es aquí donde están esos millonarios. Me entero, por la prensa, que la teoría de mercadeo que ha respaldado ese tipo de desarrollo es que los millonarios de otros lares van a llegar en manadas para arrebatarle esas propiedades a los desarrolladores. Y pienso yo, esos desarrolladores, ¿habrán tenido la experiencia de vivir en algún complejo de viviendas millonarias en alguna parte? ¿Sabrán por conocimiento propio lo que buscan esos millonarios? ¿O será que se lo están inventando? Algo así como “Si yo fuera rico…”. Lo que me recuerda la puerca de Juan Bobo.

Desde niño cuando primero escuché a mi mamá usar la frase “parece la puerca de Juan Bobo”, pensé que se refería a una persona mal vestida o quizás excesivamente vestida para la ocasión. Demasiadas prendas, mucho maquillaje, etc., pero ha sido solo en tiempos muy recientes que empiezo a ver lo profundo de esa frase. No es que Juan Bobo vistió ridículamente a su puerca. Esa excesiva ornamentación no es el resultado de lo bobo que es Juan Bobo sino más bien de cómo Juan Bobo se imagina que se arreglan las mujeres de alcurnia, sin haber nunca compartido de cerca con alguna de ellas. Lo que me lleva de vuelta a nuestros desarrolladores.

(Trabajando nadie se ha hecho rico, eso lo sabemos todo. Se me ha hecho tarde para inventarme algo nunca antes visto. Así que sin duda la única oportunidad que me queda para hacerme millonario es la Lotería Electrónica. La de aquí, la de allá o la de más allá.)

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