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¡Por Favor! Lean las instrucciones.

Preocupados por el derrotero de nuestra Isla nos dimos a la tarea de encontrar la causa de nuestra malograda realidad social, moral y económica. Repasamos, mi amigo y yo, eventos de nuestra historia que pudieron ser causales, revisamos los manuales de la puertorriqueñidad, escudriñamos los más pequeños detalles, y ya para la tercera o cuarta cerveza mi pana dio con la clave. “El problema que tenemos los puertorriqueños es que no leemos las instrucciones.” No completó de decirlo, que me doy cuenta que él tiene toda la razón.

Cuándo compramos un carro ¿alguien se sienta a leer el manual antes de salir a pasear en el carro? ¿Alguien, alguna vez, ha mirado las instrucciones antes de armar el abanico nuevo? ¿O el ‘home theater’? No hay duda de que el boricua no lee las instrucciones. De nada. Cuando digo nada, me refiero a nadita de nada.

Ejemplo. Se debatió el impuesto compuesto por meses. Se expresaron a favor, en contra, y a mitad. Se llevaron a cabo conferencias de prensa, vistas públicas, debates e insultos. Se aprobó la ley del impuesto, y cuando alguien finalmente leyó las instrucciones – la ley - se dieron cuenta que no era esa la ley que tenían que aprobar.

Se aprueba un presupuesto de nueve mil millones y lo empiezan a gastar en lo mas les urge o conviene dejando renglones vitales para el país como salud, educación, y seguridad desprovistos del dinero que necesitan para cumplir con sus obligaciones constitucionales (o sea, las instrucciones).

Están próximos a aprobar un nuevo presupuesto de nueve mil millones, otros quinientos millones en prestamos, y el repago de los $48,000,000,000.00 que ya debemos. Está vez, aunque sea, ¡lean las instrucciones antes de empezarlos a gastar!

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