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¡Gracias a Dios que vivimos en una democracia!

Me maravillan nuestros astutos líderes. Baluartes de la democracia. Representantes de la verdad y la justicia, según ellos. Se hace transparente que lo que son, son los Mercaderes del Templo.

Escriben las leyes, las aprueban, la firman, reparten copias, y las guardan en una gaveta para sacarlas y aplicarlas solo cuando les convenga. Ahora resulta que no hay chavos para darle al partido recién inscrito. (Lo que hay es pa’ los tres grandes, y pa’ los chiquitos, no hay na’.) La ley es clara, hay tanto para repartir, y se reparte entre los que haya. ¿Cómo que ahora hace falta que una ley existente tiene que ser re avalada por la legislatura y re asignarle fondos? Le corresponde a la Corte interpretar la ley. Y eso es lo que quieren los tres grandes, obligar al chiquito a llevar el asunto a la corte y dilatar la cosa, si posible, hasta noviembre de 2008. En baloncesto le dicen jugar con los treinta.

Pero la verdad es, que en lo más profundo nuestros astutos líderes le tienen terror a una verdadera democracia.

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