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¡Que Llueva! ¡Que Llueva!

Según la tradición boricua debemos agradecerle a la deidad Taína que habita en el Yunque el haber espantado al huracán Earl. Sin ese apoyo síquico probablemente estaríamos batallando el malévolo Taíno. Digo, según la tradición. Ahora, tengo que decir que esta vez los medios de comunicación se portaron como gente. No hubo espavientos, ni histeria. El gobierno no alarmó a nadie y como tal, la tormenta pasó con un mínimo de dificultades. Algunos dicen que la mayor dificultad fue el terrible tapón que se formó al dejar salir a todo el mundo de sus empleos y las escuelas a la misma vez. (Si le damos pensamiento a eso, puede que sea indicativo que no hay carretera para tanto carro.) Pero ese no es el tema.

Durante los reportajes, mesurados como dije, se mencionaron una docena de huracanes previos. Algunos que llegaron a la Isla y otros que solo bordearon la costa. Todos dejaron estragos de una u otra clase. Pero nadie, nadie, mencionó a Hugo (1989). No es que yo tengo una afición particular o especial con Hugo pero si mal no recuerdo fue el primer huracán en cruzar la Isla desde Santa Clara. Hugo dejó al Yunque con lo que pareció un recorte de $10. Quedaron arboles paraos pero espeluzaos y como a un tío mío, entre los árboles se le veían huecos como de calvicie. Después de Hugo fue que pasaron los Georges, los Andrews y los etcéteras. ¡Qué rápido pasó al olvido el tremendo Hugo!

Sin embargo, todavía recordamos a San Cipriano, San Siriaco y San Felipe, I y II. Yo creo que ese defraudo en la memoria se debe a que los nombres en Inglés son más fácil de olvidar. Así que me puse a buscar cual sería el nombre de Earl, si en vez de ser americano fuera español. El Santoral Católico nos ofrece cinco alternativas para el 31 de agosto. Cuatro santos y un beato. (Al igual que con las carreteras, parece que hay mas santos que días en el año.) Ahí va la lista para que escojan el que más les guste.

San Aidano de Lindisfarne; San Arístides de Atenas; San Paulino de Tréveris; San Ramón Nonato y el Beato Andrés Dotti.

¿Quién se puede olvidar de un San Aidano de Lindisfarne? ¿Ah? Ahora, no sé si los beatos cualifican para ser huracanes.

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