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Sobre Nada

Cada vez me interesa más el hacer nada. El hacer nada es un privilegio de los Príncipes y herederos. Claro está, está el vagabundo que en su fundamento tampoco hace nada. (Aunque en esencia parece ser lo mismo pero no retrata igual. Por eso es que no aparecen vagabundos en las revistas de moda.)

El auténtico no hacer nada es cuando no haces nada porque quieres hacerlo. No es no hacer nada porque no tienes nada que hacer. Es no hacer nada porque eso es lo que quieres hacer: nada. No es vagancia. Es una actitud. Es tomar la vida con tus propias manos y sentarla quieta a tu lado mientras tomas un café o una cerveza.

Lo otro que también es parte del no hacer nada es la conversación. Pero cuidado, que la conversación puede ser un arma de doble filo. ¿Por qué? Porque conversar es hablar de algo. Para hablar de algo hay que saber de ese algo. Para saber de ese algo tienes que buscar la información. En otras palabras tienes que leer, ver televisión, ir al cine, entre otras. Lo que significa hacer algo. Una contradicción inherente.

La lógica nos obliga a concluir que el verdadero hacedor de nada, nada hace. Nada de nada. Uno se sienta y mira. A veces miras a los demás y a veces miras para adentro.

QED

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