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¡300!

Inspirado por la película decidí reformar mi estilo de vida y someterme al entrenamiento que le impusieron a los actores del film. Busque en el Internet hasta encontrar la rutina de ejercicios por lo que los actores del film consiguieron obtener una condición de fisiculturista.

Hice el ‘download’, imprimí las páginas y me puse a estudiar.

No quiero que piensen que no tuve la energía para completar el programa, no es eso. Es que está diseñado para seis horas diarias, siete días a la semana. Imposible. Ellos, los actores, estaban cobrando por hacer los ejercicios. Era como si estuvieran ensayando. Mientras acá, yo, pues, decidí buscar una alternativa igual de efectiva, pero que tomara menos tiempo.

Conseguí lo que buscaba en un manual de ejercicios que encontré guardado en una gaveta en mi habitación. Era sencillo. Varias repeticiones de una docena de ejercicios. El peso de las pesas determinaba la dificultad envuelta. Fácil.

Bueno. Estas cosas no son tan fáciles después de cierta edad. Las pesas pesaban mucho. Las repeticiones fueron demasiadas. Y bueno, el cuerpo que no lo aguanta. Eso si, jamás perdí el entusiasmo, solo las pocas fuerza.

Con mi empeño por delante diseñé mi propio sistema de ejercicios. Recordé los tres ejercicios básicos que ofrece el entrenamiento militar y los puse en práctica. Claro tuve que adaptarlos a mi realidad. El ‘chin-up’ de vara se convirtió a ‘hang down’, el ‘push-up’ en ‘slow-down’, y el ‘sit-up’, pues lo dejé para los ‘pancakes’.

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