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El Plan 7

El ser humano es curioso. Prefiere la confrontación y el argumento en vez de la negociación armoniosa. No busca que se beneficien todos sólo su parte. Tampoco es cuestión de tener la razón sino ganar el argumento. De ahí que nacen las guerras.

Cuando es tan fácil mirar las cosas desapegado y verle lo bueno a lo que hay. Pues puse mi filosofía prismática: todo color de rosa, a trabajar y encontré otra solución para los problemas que afectan a la Isla. Las consecuencias previstas por la aplicación de la Ley 7 con sus 30 mil despidos han despertado la furia de todo el que trabaja para el gobierno; los que componen la mayoría de los que trabajan en toda la Isla.

Lo pensé durante la marcha del pasado viernes. El plan 7 es este.

Si todos los viernes todos los empleados del gobierno hacen una manifestación masiva frente al Capitolio, se detiene el funcionamiento del gobierno durante ese día creando una presión extraordinaria al administrador-de-turno del gobierno. Sería el campanazo que se escucharía en el mundo entero. ¡Un éxito para los líderes obreros, comunitarios y culturales! ¡A poner a temblar las columnas del capitolio! Ahora verán. Los resultados son extraordinarios.

Al gobierno cumplir su promesa de no pagarle el día de trabajo al empleado que se ausente, se usará ese dinero para ir cubriendo el déficit. Si ambos, gobierno y trabajadores, mantienen el conflicto por los próximos dos años ambos salen ganando. El gobierno gana al eliminar el déficit y cuadrar el presupuesto porque van a poder seguir cogiendo dinero prestado para sus inventos. Y los trabajadores van a lograr conseguir una semana de 4 días de trabajo sin que nadie pierda su empleo.

Las cosas son tan fáciles, a veces, pero a la gente les gusta hacerlo todo más difícil.

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