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No Todo lo que Brilla es Oro

Nuestros astutos líderes nos han enseñado a vivir con las apariencias. No digo ‘de’ las apariencias, porque no es mi propósito criticar a nadie que guíe un carro fastuoso sin casi poderlo pagar, sino llamar la atención a todas esas cosas que nos hacen sentir que vivimos en el progreso, que vivimos mejor de lo que viven esos países hermanos ‘las republicas sudamericanas’. Pero que realmente no son progreso ná.

Un ejemplo. Tenemos muchos centros comerciales lujosos, con tiendas famosas con artículos supercostosos, igual a lo que venden en todas las grandes ciudades del mundo. Respuesta: ¿Para que nos sirvan las vitrinas ostentosas si apenas el 30% de la gente tiene el dinero para comprar en ellas? Lo que logran esas tiendas es que el pobre se sienta más pobre. (Y los que tienen algún dinerito se sienten superiores a los pobres, aunque tampoco ellos lo puedan comprar; solo pueden aspirar a tenerlo.) Para lo que están buenos esos centros comerciales y tiendas lujosas es para enseñárselas a un primo de Massachussets que llega de visita, y así no piense que vivimos en un país atrasado, subdesarrollado. Porque, para nosotros los pobres, esas tiendas son como si no existieran.

El argumento opuesto. Tenemos tiendas por descuento como los Estados Unidos; donde podemos aprovecharnos de la democracia capitalista y la libre competencia. Quizás debemos recordar del Colmado de la esquina, que fiaba sin intereses, o el zapatero que arreglaba los zapatos que no se botaban porque estaban buenos. O quizás debemos recordar que ese pequeño comerciante, espina dorsal de la economía en cualquier país, es ahora empleado de la gran cadena qué llevo su negocio a la ruina. ¿O es que Home Depot es mejor cadena de lo que fue Merino?

¿Y el tren urbano? ¿No demuestra progreso? Me pregunto yo entonces, si un tren construido por alemanes y pagado por los americanos, que empieza en un terreno baldío y termina en una calle sin salida: ¿es ejemplo de progreso? ¿Dónde? ¿Aquí; en Alemania; o el Norte? Tuvimos un tren que viajaba la Isla entera y lo tumbaron para construir carreteras (para lo que había entonces muchos fondos federales disponibles; para los trenes no había nada) porque el progreso estaba en los carros y las carreteras. Ahora tenemos mas carros y chatarra que casi cualquiera en el planeta y no sabemos que hacer con ellas.

¡Ah, ya se! Vamos hacer un tren que llegue a todas partes, y un tranvía que corra de San Juan a Río Piedras y…

Un paso adelante y dos atrás, pero siempre aplaudiendo.

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